Make up

transitions258>>

todo se cae en otoño

Make Up : The Varnished Truth
by Victor Stamp
*
Rocío Plúas’s Make Up consists of a series of pages torn from glossy magazines and then drawn and painted upon with mixed media in such a way that the “canvas” (the magazine background) appears in various degrees of visibility ranging from total opacity to total transparency, thereby creating a kind of palimpsest that offers the viewer a double and contradictory reading.
Whereas in traditional oil painting the underpainting prepared the ground for the overpainting, offering a tentative and schematic version of what would eventually hide it, here the foundation layer (to borrow an appropriately cosmetic metaphor) is gently obliterated and countered by the fluid, sketchy washes that partially cover it. On the level of content, the immaculate and fictitiously wrinkle-free faces and bodies that form the standard fare of beauty and fashion publications are disrupted by portraits of women wearing expressions that fall somewhere between sullen and indifferent. On the formal level the immaculate gloss of photography gives way to the comparative “poverty” of the painted trace. The result is a kind of playful graffiti that takes the space of the mass media rather than the public, physical space as its target.
Each work in the series bears as its title a woman’s name. And if one of these names is John, the artist, inspired predominantly by her encounters with women in marginal social situations (immigrants, sex workers, etc.) explains that John is perhaps a transvestite or transexual and thereby begs inclusion in the feminine gamut. And yet the works are by no means militant in their intent or effect and offer ambiguous readings: in John (as in several of the works), the sketched face is set against a background of luxury consumer items that no doubt exert a powerful attraction upon the protagonist and indeed upon a majority of women, regardless of their social status. The fantasy world of the glossies may be challenged and negated by the often harsh realities of life but it cannot be totally ignored or obliterated.
This ambiguity also extends of course to the title of the series: the cosmetic products exhibited and advertised in the magazine pages are overlayed by another kind of makeup ― the paint of the artist’s brushstrokes. It is in the tension between these two layers that something like the truth emerges: a truth the artist is obliged to make up.
women.

Chic dolls

This slideshow requires JavaScript.


El día que conocí a las Chic dolls
por María Paz Ruiz Gil

– ¿Lista para conocer a las Chic dolls?

– Me gusta su nombre, ¡parece de bandita de rock!

– Ya verás mis muñecas.

-¿Y son muy grandes?

-¡Qué va! Si son más pequeñitas que mi mano.

Rocío me abre la puerta de su estudio y veo a las Chic dolls. Pequeñas perversas, -pienso en ese instante- mirándome desde sus paredes. Una está sola con un cinturón de castidad de manzanas, con los ojos idos, perfecta muñeca suspendida que recuerda a una Eva rescatada con anzuelo del paraíso. Otras forman un desfile de mujeres ciegas, cubiertas por unos pañuelos negros. Ellas me estaban esperando en silencio, aplanando sus barriguitas, calentándose los pies, preguntándose si tienen las uñas limpias.

La que parece que tiene los ojos ausentes de pronto parpadea. Su amiga del pelo plástico duro empieza a reírse de mí. Es divertida, frágil, y tiene muchas ganas de conversación.

Con un hilito de voz me cuenta que casi todas fueron compradas en una tienda de antigüedades inverosímiles en Guayaquil, un local que ya no debe de existir. La mayoría de las Chic dolls salió de allí sin tener la menor idea de quién las pintaría, quién las haría famosas. Están completas, con manos, piernas y todas tienen su cabeza en su puesto, pero ellas no se han dado el lujo de pensar diez minutos de corrido. Me acerco a la más colorida, que parece llevar un traje de neopreno diseñado por Rocío Plúas.

– Eres preciosa-. La muñeca se sonroja y me dice que cuando era pequeña le enseñaron a recitar: “No llores mi niña, no llores mi amor. Te quiere la escoba y el recogedor”.

-¡Vaya con la muñeca! -digo mientras la dejo repitiendo eso como un mantra infinito.

Son muy amables, como casi todas las criaturas de Rocío. Educadas, limpias y repeinadas. Pero me imagino que cuando recitan y cantan Rocío debe de espantarse, porque por más hermosas que las deje, por más que las acicale y les premie sus cuerpos dibujándolos con gusto exquisito, ellas no pueden aprender a razonar. No les apetece quitarse las vendas, ni abrir bien los ojos. Son guapísimas, poseedoras de una belleza que cautiva y enamora, y a mí tanta hermosura infértil me ventila ese aire doloroso que sale por chorros de sus cabezas desaprovechadas. Otra canta un bolero de desamor fingiendo un acento mexicano mientras sus amigas sonríen.

Las de los pañuelos ni siquiera hablan. Son vírgenes, y cuando un chico que vino les quitó el pañuelo negro de la cara, se pusieron a llorar. Amenazaron con suicidarse en conjunto. Para evitar esa tragedia tan horrible, Rocío las consiente y las deja a su voluntad, con los ojos vendados, en esa temible oscuridad que ellas aman.

Me despido de todas, y les leo un cuento. Elijo uno que me gusta mucho: “Muñecos de Playmobil”. Ellas, muy atentas, esperan a que termine. Aplauden, y me piden que vuelva pronto. Cuando la puerta se cierra, Rocío echa la llave y entonces escucho que se han puesto a hablar. La del traje de neopreno toma la voz cantante.

-¿Chic dolls?

-¿Sí?- responden al unísono

-¿Alguna entendió lo que leyó la escritora?

– No, responden en coro. Pero qué amables son las amigas de Rocío.

clothing line

collage on magazine sheet

collage on magazine sheet

Siempre me he sentido fascinada por las grandes ciudades mundanamente arquitectónicas, ricas, glamurosas, contemporáneas, pero lo que más me apasiona es encontrar en medio de esa masa de modernidad, un signo minúsculo, casi desapercibido de algo tan arraigado que ni todo el dinero del mundo podrá hacer cambiar, signos de costumbres populares, muy simples, como la cuerda de ropa en mi balcón.